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jueves, 18 de noviembre de 2010




OPOSICIONES EN CÁDIZ

-No me saque más papeles señorita que ya tengo dos maletas llenas.
-Lo siento si usted ha pagado los 455,55 euros debe llevarse todo el material del curso, es mi obligación.
-No se preocupe usted si yo no voy a estudiar ni nada, esto lo hago para engañar a mis padres que así creen que estudio oposiciones.
-¿Y qué hago yo con todo lo que sobra, se imagina lo que me complica la vida?
-Escuche señorita, no se preocupe usted, ni siquiera tiene que apuntar la matrícula, el dinero se lo queda usted, no lo entregue a la Academia ni nada, ya le he dicho que esto es una mentira más para tirarme uno o dos años sin dar ni golpe.
-¿Y no le da vergüenza?
-¿Que si tengo vergüenza? Ninguna señorita, no me queda ninguna.
-Desde luego, parece mentira con la calaña que tiene uno que tratar.
-No lo sabe usted bien señorita, eso mismo pienso yo de usted y, por educación no se lo he dicho. Mire, todo lo que me ha facilitado es una mierda, me oye, una puta mierda, con eso ni se aprueba la oposición ni nada de nada. Pero no la culpo a usted que tiene que ganarse la vida.
-Oiga, no me pierda usted el respeto.
-Ya le he dicho señorita que con usted no va la cosa, soy un caradura que ni quiero estudiar ni nada, pero necesito un papel por si mis padres me piden algún documento que pruebe que oposito.

La chica de piernas larguísimas lo miró sin comprenderlo del todo. El tipo que estaba frente a ella era ya un persona que andaba en la cincuentena.

-¿Y a su edad todavía hace oposiciones?
-En realidad aparento que las hago, vivo del cuento.
-¿Sus padres serán ricos supongo?-
¿Ricos dice usted, ya quisiera yo? Mi padre es un sordo jubilado de Astilleros y mi madre trabajó en Tabacalera de Cádiz hasta que le cambiaron el nombre a ALTADIS, desde entonces no para de hacer cursos de informática, que si Word, que si Powerpoint, ella lo pasa bien y como yo tengo allí mi habitación están contentos.
-¿Pero no piensa usted independizarse nunca?
-Jamás. Nunca dejaré a mis padres solitos y cargar sobre mis hombros la responsabilidad que caigan en profundas depresiones por el temible síndrome del nido vacío.

Y una lágrima resbaló sobre la mejilla del supuesto opositor.
 
(c) Jesús María Serrano
 

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