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domingo, 27 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
EL GRAN PREMIO
EL GRAN PREMIO
Aquí estoy sentado en el único asiento que quedaba libre de hall de T4 de Madrid y así llevo más de 2 horas y media. No paro de mirar el bloque de monitores de televisión negros colgados del techo, en ellos se muestran las salidas de vuelos para las próximas 5 horas.
Si alguien me hubiese dicho hace un par de meses que podría viajar al lugar del mundo que me apeteciera no le habría prestado la más mínima atención, pero así son las cosas. Todo empezó cuando repetía mi rutina de la compra semanal en la tienda Mercadona más cercana a mi domicilio y allí, una chica rubia ofrecía con una bandejita dátiles y nueces a los clientes. A la joven la había contratado uno de esos aprovechados que se dejan caer por las empresas muy bien trajeados para ofrecer sus servicios de azafatas. Yo andaba por aquel pasillo buscando el café descafeinado molido marca Hacendado que estaba sorprendentemente en la repisa de abajo, al levantar la cabeza me di de cara con ella. Era mona y debería ser muy simpática ya que sonreía con mucha naturalidad.-¿No me negará que le ofrezca de estos riquísimos dátiles y nueces? Dijo. La miré y comprobé que por su edad podría ser mi hija, de haber tenido una cosa que nunca ocurrió.-Con gusto que los probaré guapa. Le dije para seguir mirando en mi lista de la compra, pero me volvió a llamar.-Oiga, oiga, sí, usted, por favor, tenga la bondad de rellenar este impresito para un sorteo para una vuelta al mundo. Me volví y la miré recordando a mi nuera que los sábados también trabaja de promotora en los hipermercados. Me dije qué difícil se está poniendo la vida para estas jóvenes. Volví sobre mis pasos y le dije: -Pero si estos sorteos no son otra cosa que reclamos y muchas veces timos. Pero ella contestó: -Le aseguro que en esta ocasión no será así, por favor cumplimente con sus datos este pequeño impreso, en la absoluta seguridad que no serán confiados ni entregados a terceras personas y, además, puede estar seguro que tendrá noticias mías muy pronto. Y así lo hice.Por cierto, con aquella conversación olvidé comprar los dos paquetes de café descafeinado molido que necesitaba.
Anteayer, sobre las 10 de la mañana recibía una llamada a mi teléfono móvil precedida de un mensaje SMS para que por favor la atendiese por ser muy importante. Reconocí la voz de aquella chica que me ofreció dátiles y nueces en Mercadona y tras presentarse, me dijo que me iba a pasar con el presidente de DryFruits and WaltnutsCompany en Los Ángeles, que si necesitaba traducción ella se quedaría en otro teléfono y me facilitaría la conversación y así lo hizo.-This is James C. Morrison speaking Mr. Ripley. Congratulations for being our winner for a wonderfull One Year Travel around the world all expenses paid by our company... Para inmediatamente oír la voz de la chica que decía: le habla nuestro presidente Mr. James C. Morrison, quien le felicita por ser el ganador de un maravilloso premio para viajar por todo el mundo durante un año con todos los gastos pagados. ¿Recuerda cuando le dije querecibiría noticias mías? Mi más sincera felicitación también Sr. Ripley.Ahora, estoy sentado frente a los televisores que indican las salidas y horarios de los aviones en la T4 del Aeropuerto de Madrid, decidiendo qué lugar será el primero que elija para disfrutar mi premio.
Ah, me olvidaba, hace aproximadamente un mes se me diagnosticó un tumor maligno extendido por la metástasis que avanza a una gran velocidad y afecta distintos órganos vitales para la vida.
Jesús María Serrano
Aquí estoy sentado en el único asiento que quedaba libre de hall de T4 de Madrid y así llevo más de 2 horas y media. No paro de mirar el bloque de monitores de televisión negros colgados del techo, en ellos se muestran las salidas de vuelos para las próximas 5 horas.
Si alguien me hubiese dicho hace un par de meses que podría viajar al lugar del mundo que me apeteciera no le habría prestado la más mínima atención, pero así son las cosas. Todo empezó cuando repetía mi rutina de la compra semanal en la tienda Mercadona más cercana a mi domicilio y allí, una chica rubia ofrecía con una bandejita dátiles y nueces a los clientes. A la joven la había contratado uno de esos aprovechados que se dejan caer por las empresas muy bien trajeados para ofrecer sus servicios de azafatas. Yo andaba por aquel pasillo buscando el café descafeinado molido marca Hacendado que estaba sorprendentemente en la repisa de abajo, al levantar la cabeza me di de cara con ella. Era mona y debería ser muy simpática ya que sonreía con mucha naturalidad.-¿No me negará que le ofrezca de estos riquísimos dátiles y nueces? Dijo. La miré y comprobé que por su edad podría ser mi hija, de haber tenido una cosa que nunca ocurrió.-Con gusto que los probaré guapa. Le dije para seguir mirando en mi lista de la compra, pero me volvió a llamar.-Oiga, oiga, sí, usted, por favor, tenga la bondad de rellenar este impresito para un sorteo para una vuelta al mundo. Me volví y la miré recordando a mi nuera que los sábados también trabaja de promotora en los hipermercados. Me dije qué difícil se está poniendo la vida para estas jóvenes. Volví sobre mis pasos y le dije: -Pero si estos sorteos no son otra cosa que reclamos y muchas veces timos. Pero ella contestó: -Le aseguro que en esta ocasión no será así, por favor cumplimente con sus datos este pequeño impreso, en la absoluta seguridad que no serán confiados ni entregados a terceras personas y, además, puede estar seguro que tendrá noticias mías muy pronto. Y así lo hice.Por cierto, con aquella conversación olvidé comprar los dos paquetes de café descafeinado molido que necesitaba.
Anteayer, sobre las 10 de la mañana recibía una llamada a mi teléfono móvil precedida de un mensaje SMS para que por favor la atendiese por ser muy importante. Reconocí la voz de aquella chica que me ofreció dátiles y nueces en Mercadona y tras presentarse, me dijo que me iba a pasar con el presidente de DryFruits and WaltnutsCompany en Los Ángeles, que si necesitaba traducción ella se quedaría en otro teléfono y me facilitaría la conversación y así lo hizo.-This is James C. Morrison speaking Mr. Ripley. Congratulations for being our winner for a wonderfull One Year Travel around the world all expenses paid by our company... Para inmediatamente oír la voz de la chica que decía: le habla nuestro presidente Mr. James C. Morrison, quien le felicita por ser el ganador de un maravilloso premio para viajar por todo el mundo durante un año con todos los gastos pagados. ¿Recuerda cuando le dije querecibiría noticias mías? Mi más sincera felicitación también Sr. Ripley.Ahora, estoy sentado frente a los televisores que indican las salidas y horarios de los aviones en la T4 del Aeropuerto de Madrid, decidiendo qué lugar será el primero que elija para disfrutar mi premio.
Ah, me olvidaba, hace aproximadamente un mes se me diagnosticó un tumor maligno extendido por la metástasis que avanza a una gran velocidad y afecta distintos órganos vitales para la vida.
Jesús María Serrano
miércoles, 2 de febrero de 2011
El futuro de Egipto: ¿modernidad o integrismo?
Miquel Silvestre impartira un curso de aventurerismo idiota:
Primer Curso de Aventurerismo Idiota
Suscripciones:
http://www.amiando.com/MIQUELSILVESTRE.html
Túnez, Egipto y Yemen se rebelan contra sus añosos gobernantes y en Occidente se desata una extraña euforia. El anciano Mubarak puede caer igual que Ben Alí. Como idea abstracta, bien está que caigan los tiranos, pero qué sucederá luego en lo concreto es la gran pregunta. Por ahora, sin respuesta. También en Irak cayó un tirano. Ya hemos visto lo que sucede cuando se desestabiliza un país árabe sin tener bien trazado un plan para el día después. Una posible iraquización de la orilla sur del Mediterráneo debería preocupar bastante, pero parece que tiene más gancho ante la opinión pública occidental hablar de hambre de democracia del pueblo egipcio. Pero ¿de qué democracia hablamos? Egipto no es Túnez, donde los islamistas tienen un arraigo reducido. Los integristas Hermanos Musulmanes tienen una fuerza considerable. ¿Es que los miles de turistas occidentales que cada año visitan las pirámides no ven lo que sucede allí? La respuesta es no porque el régimen de Mubarak se ha esforzado en ocultarles la realidad y ellos han colaborado en el autoengaño encerrándose en sus caros hoteles y en sus autobuses con aire acondicionado y guía políglota. Pero lo que se ve desde el sillín de una moto cuando se cruza el país es algo muy diferente. Es algo bastante más inquietante que las falsificadas danzas del vientre que les ofrecen en los resorts.
La carretera de Alejandría hasta El Alamein esta sembrada de inmensas promociones inmobiliarias en construcción. El litoral que se asoma al Mediterráneo tiene un aire fantasmal, polvoriento y triste. Es una infinita urbanización sin terminar, una kilométrica Marbella sin vida. El dinero de los árabes del Golfo ha dejado de llegar y estos esqueletos de cemento y acero parece que tienen menos futuro que los pobres desgraciados que montan en burro entre las ruinas. ¿Qué solución les queda a estos desgraciados? El Islam de los Hermanos parece ser una respuesta. Al menos, les habla de una esperanza. Al dueño de una pequeña tienda de teléfonos móviles le gusta hablar con occidentales. Es su modo de viajar ya que, afirma, no tiene dinero para hacerlo físicamente y además, su pasaporte está maldito en Occidente por ser árabe. Me presenta a un joven barbudo vestido con túnica blanca. Añade que es un hombre peligroso, que pone bombas en el extranjero. Evidentemente, es una broma, pero no le veo maldita gracia. Así que soy español, comenta, pues según un documental que ha visto en Al Jazzira, en España matamos millones de musulmanes durante la Reconquista, mientras que en Al Andalus, ellos habían respetado a las demás religiones.
Para entrar en Egipto desde Jordania hay que coger un ferry que cruza el Mar Rojo y lleva a Nuweiba en la Península del Sinaí. De ahí a Taba, la espectacular costa se ha llenado de hoteles, restaurantes y verdísimos campos de golf para turistas. Solícitos empleados de uniforme caqui sonríen a mujeres blancas que exhiben la sombra del bikini bajo tenues vestidos playeros. Es un paraíso de felicidad y palmeras que llega justo hasta la linde de la carretera, donde el coche de la policía armada y una astrosa pick up cargada de tipos ceñudos y profusos de barbas recuerdan que estamos en Oriente Medio y que toda esta liofilizada realidad es superficial. Fuera de los resorts, los poblados son miserables y los niños tiran piedras al motorista. El Cairo, congestionada y envuelta en una permanente neblina toxica; la capital del Mundo Árabe se ha dejado de la mano de Dios. Parece que los barrenderos lleven de huelga veinte años. Las tiendas del más obsceno lujo se yerguen inmaculadas sobre la inmundicia. Al amanecer, cientos de menesterosos limpian carísimos coches deportivos. En El Cairo viven los más ricos, pero también millones de pobres. Hombres y mujeres, viejos o tullidos, que no tienen quien les asista y cuya miseria es odiosamente visible. Habitan en el patrio trasero de las pirámides y los autobuses de turistas nunca pasan por sus barrios. Es esta gente que no tiene nada que perder la que hoy arde en una inmolación sorda ante la falta de salidas.
Llego a Siwa, ya muy cerca de la frontera libia. El oasis del oráculo que visitara Alejandro Magno en mitad del desierto para preguntarle si sería amo del mundo. Los muros de adobe que soportaban la ciudadela se han derrumbado, inclinado, rajado y resquebrajado hasta lo inverosímil. Contra el azul empastado de este cielo protector, ofrecen la silueta de una dentadura mellada. Su enemigo fue la inusual lluvia que cayó durante tres días seguidos. Siwa es el Egipto profundo. No venden alcohol. No hay más templos que la mezquita. Las mujeres viven dentro de un buzo. Intuyen el mundo detrás de una tela negra. Lo curioso es que Siwa está lleno de occidentales. No son como los turistas de tour operador que van en gregaria masa hasta Luxor y Aswan para ver mil templos en dos días. Son los viajeros (y viajeras) auténticos, los turistas del ideal. Los que gustan de convivir con los habitantes locales para compartir su té y su comida. Se les ve cómodos, relajados sobre el barril de pólvora. Tampoco les zahiere la conciencia vacacionar donde los derechos humanos de las mujeres son sistemáticamente violados detrás de una prisión de tela. Es una metáfora. La política en el mundo árabe ha quedado reducida a una disyuntiva esencial cualquiera que sean los gobernantes en el poder. Modernidad o integrismo. No hay nada más. ¿Qué quedará tras estas revoluciones populares? ¿Se convertirá todo Egipto en Irak y El Cairo en Bagdad? ¿Qué pasará con ese diez por ciento de cristianos coptos que viven en el país? Las grandes palabras como democracia o libertad quizá suenan demasiado ampulosas en el desierto y mientras tanto, el viejo oráculo permanece obstinadamente mudo.
Texto y fotos: Miquel Silvestre
http://www.viajesalpasado.com/category/blogs-vap/esquivando-piedras/
Primer Curso de Aventurerismo Idiota
Suscripciones:
http://www.amiando.com/MIQUELSILVESTRE.html
Túnez, Egipto y Yemen se rebelan contra sus añosos gobernantes y en Occidente se desata una extraña euforia. El anciano Mubarak puede caer igual que Ben Alí. Como idea abstracta, bien está que caigan los tiranos, pero qué sucederá luego en lo concreto es la gran pregunta. Por ahora, sin respuesta. También en Irak cayó un tirano. Ya hemos visto lo que sucede cuando se desestabiliza un país árabe sin tener bien trazado un plan para el día después. Una posible iraquización de la orilla sur del Mediterráneo debería preocupar bastante, pero parece que tiene más gancho ante la opinión pública occidental hablar de hambre de democracia del pueblo egipcio. Pero ¿de qué democracia hablamos? Egipto no es Túnez, donde los islamistas tienen un arraigo reducido. Los integristas Hermanos Musulmanes tienen una fuerza considerable. ¿Es que los miles de turistas occidentales que cada año visitan las pirámides no ven lo que sucede allí? La respuesta es no porque el régimen de Mubarak se ha esforzado en ocultarles la realidad y ellos han colaborado en el autoengaño encerrándose en sus caros hoteles y en sus autobuses con aire acondicionado y guía políglota. Pero lo que se ve desde el sillín de una moto cuando se cruza el país es algo muy diferente. Es algo bastante más inquietante que las falsificadas danzas del vientre que les ofrecen en los resorts.
La carretera de Alejandría hasta El Alamein esta sembrada de inmensas promociones inmobiliarias en construcción. El litoral que se asoma al Mediterráneo tiene un aire fantasmal, polvoriento y triste. Es una infinita urbanización sin terminar, una kilométrica Marbella sin vida. El dinero de los árabes del Golfo ha dejado de llegar y estos esqueletos de cemento y acero parece que tienen menos futuro que los pobres desgraciados que montan en burro entre las ruinas. ¿Qué solución les queda a estos desgraciados? El Islam de los Hermanos parece ser una respuesta. Al menos, les habla de una esperanza. Al dueño de una pequeña tienda de teléfonos móviles le gusta hablar con occidentales. Es su modo de viajar ya que, afirma, no tiene dinero para hacerlo físicamente y además, su pasaporte está maldito en Occidente por ser árabe. Me presenta a un joven barbudo vestido con túnica blanca. Añade que es un hombre peligroso, que pone bombas en el extranjero. Evidentemente, es una broma, pero no le veo maldita gracia. Así que soy español, comenta, pues según un documental que ha visto en Al Jazzira, en España matamos millones de musulmanes durante la Reconquista, mientras que en Al Andalus, ellos habían respetado a las demás religiones.

Para entrar en Egipto desde Jordania hay que coger un ferry que cruza el Mar Rojo y lleva a Nuweiba en la Península del Sinaí. De ahí a Taba, la espectacular costa se ha llenado de hoteles, restaurantes y verdísimos campos de golf para turistas. Solícitos empleados de uniforme caqui sonríen a mujeres blancas que exhiben la sombra del bikini bajo tenues vestidos playeros. Es un paraíso de felicidad y palmeras que llega justo hasta la linde de la carretera, donde el coche de la policía armada y una astrosa pick up cargada de tipos ceñudos y profusos de barbas recuerdan que estamos en Oriente Medio y que toda esta liofilizada realidad es superficial. Fuera de los resorts, los poblados son miserables y los niños tiran piedras al motorista. El Cairo, congestionada y envuelta en una permanente neblina toxica; la capital del Mundo Árabe se ha dejado de la mano de Dios. Parece que los barrenderos lleven de huelga veinte años. Las tiendas del más obsceno lujo se yerguen inmaculadas sobre la inmundicia. Al amanecer, cientos de menesterosos limpian carísimos coches deportivos. En El Cairo viven los más ricos, pero también millones de pobres. Hombres y mujeres, viejos o tullidos, que no tienen quien les asista y cuya miseria es odiosamente visible. Habitan en el patrio trasero de las pirámides y los autobuses de turistas nunca pasan por sus barrios. Es esta gente que no tiene nada que perder la que hoy arde en una inmolación sorda ante la falta de salidas.
Llego a Siwa, ya muy cerca de la frontera libia. El oasis del oráculo que visitara Alejandro Magno en mitad del desierto para preguntarle si sería amo del mundo. Los muros de adobe que soportaban la ciudadela se han derrumbado, inclinado, rajado y resquebrajado hasta lo inverosímil. Contra el azul empastado de este cielo protector, ofrecen la silueta de una dentadura mellada. Su enemigo fue la inusual lluvia que cayó durante tres días seguidos. Siwa es el Egipto profundo. No venden alcohol. No hay más templos que la mezquita. Las mujeres viven dentro de un buzo. Intuyen el mundo detrás de una tela negra. Lo curioso es que Siwa está lleno de occidentales. No son como los turistas de tour operador que van en gregaria masa hasta Luxor y Aswan para ver mil templos en dos días. Son los viajeros (y viajeras) auténticos, los turistas del ideal. Los que gustan de convivir con los habitantes locales para compartir su té y su comida. Se les ve cómodos, relajados sobre el barril de pólvora. Tampoco les zahiere la conciencia vacacionar donde los derechos humanos de las mujeres son sistemáticamente violados detrás de una prisión de tela. Es una metáfora. La política en el mundo árabe ha quedado reducida a una disyuntiva esencial cualquiera que sean los gobernantes en el poder. Modernidad o integrismo. No hay nada más. ¿Qué quedará tras estas revoluciones populares? ¿Se convertirá todo Egipto en Irak y El Cairo en Bagdad? ¿Qué pasará con ese diez por ciento de cristianos coptos que viven en el país? Las grandes palabras como democracia o libertad quizá suenan demasiado ampulosas en el desierto y mientras tanto, el viejo oráculo permanece obstinadamente mudo.
Texto y fotos: Miquel Silvestrehttp://www.viajesalpasado.com/category/blogs-vap/esquivando-piedras/
miércoles, 26 de enero de 2011
POETAS EN SOLEDAD: LEON FELIPE
"Poetas, nunca cantemos
la vida
de un mismo pueblo,
ni la flor
de un solo huerto ...
Que sean todos
los pueblos
y todos
los huertos nuestros" "ROMERO"
Leon Felipela vida
de un mismo pueblo,
ni la flor
de un solo huerto ...
Que sean todos
los pueblos
y todos
los huertos nuestros" "ROMERO"
"Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino"
lunes, 10 de enero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
CRISTIANOS EN TIERRA ADVERSA
domingo, 2 de enero de 2011
El Kurdistán iraquí visto por un occidental escéptico

La zona mantiene un precario equilibrio ante los recelos de sus vecinos turcos, sirios e iraníes, que no ven con buenos ojos el nacimiento de una entidad política kurda.
Dicen que el Kurdistán iraquí está estabilizado, que las cosas han mejorado desde los últimos atentados en Erbil en los años 2004 y 2007. Pese a la propaganda, la región vive un precario equilibrio. Turcos, sirios e iraníes no ven con buenos ojos el nacimiento de una entidad política kurda. Y no digamos los terroristas suníes, deseosos de dinamitar toda normalización de Irak. En cualquier caso, lo que allí sucede merece ser visto desde el mejor mirador que conozco: la moto. Mi llegada a Estambul coincide con un atentado que el Gobierno atribuye a los independentistas kurdos. El suroeste de Turquía está tomado por la Gendarmería. La ciudad kurda de Diyarbakir es famosa porque tiene la segunda muralla más larga del mundo, rodea completamente la ciudad vieja. En la zona alta que se asoma al Tigris habitan los más pobres. Charlo con varios kurdos que hablan abiertamente de política. Sus postulados son básicos pero inamovibles: Turquía es el enemigo, les niega sus derechos y la democracia.
El único paso fronterizo abierto está en Silopi. La cola de camiones es kilométrica. Mi aparición causa estupor en los miembros del servicio secreto. ¿Qué demonios hago allí? ¿Desde dónde ha venido? ¿De España? ¿Soy del Real Madrid o del Barcelona? Mi pasaporte es estampillado sin problemas, pero meter la moto resulta más complicado. El Kurdistán pretende ser un Estado moderno, pero repite los viejos esquemas burocráticos de la zona. Lentitud y procedimientos incomprensibles.
Lo más llamativo de la carretera es la atroz deformación del asfalto. El calor unido al paso incesante de los pesados convoyes militares ha dibujado un oleaje de alquitrán en el firme. Sin embargo, no queda rastro de los soldados norteamericanos. Los tipos que me salen al encuentro en los numerosos «checkpoints» son jóvenes kurdos vestidos con uniformes muy nuevos. Se muestran simpáticos y habladores. Sólo quieren charlar y hacerse fotos. Muchas fotos. «Mister, mister», dicen. Ésa era la palabra. Ser un «mister» es mi mejor salvoconducto.

Conduciendo hacia el Sur voy dejando atrás carteles de tráfico con sugestivas indicaciones. Bagdad, Basora, Kirkuk? sin embargo, debo estar muy pendiente de aquella que indique el desvío hacia Erbil. Los kurdos habían construido un ramal nuevo que evita el paso por la peligrosísima Mosul. El desvío está sólo a 20 kilómetros del nido de serpientes.
La ciudad vieja descuella sobre una colina en mitad de la urbe. Los muros son altos y magníficos, pero el interior está vacío. Es una fortaleza abandonada, semiderruida, aunque en proceso de restauración. El Gobierno ha desalojado a todos los habitantes para reconstruir el barrio y convertirlo en un museo que atraiga turistas. El proyecto de rehabilitación es desmesurado. Resulta increíble recorrer este pueblo fantasma.
El único cajero automático está en el Sheraton Building. Un búnker de lujo para occidentales cuya visita requiere pasar dos controles y un arco detector de metales. Algunos ejecutivos yanquis, diplomáticos y tal vez también espías. Pido agua en la cafetería y me informan de que la botella cuesta dos dólares y medio. Me conformo con beberla del grifo.
Hacia el Este la región es montañosa. Gargantas profundas, cimas peladas, carreteras estrechas, pistas de grava. Avanzo por un oscuro desfiladero mientras anochece. Llego a un puesto de control cuando la cerrada oscuridad hace peligroso avanzar. Los peshmergas me invitan a pasar a su garita a comer algo. El puesto es de piso de tierra y un agujero en una esquina hace de desagüe.
Les pido permiso para dormir con ellos y entonces me dicen que a pocos cientos de metros hay un hotel. ¿Un hotel en mitad de la nada montañosa? Es el surrealista Pank Resort. Una instalación de villas y cabinas al estilo europeo. En el restaurante encuentro dos austriacos borrachos. No son turistas, sino trabajadores especializados en construir teleféricos por todo el mundo.

Despierto en mi cabina. El horizonte luce nítido y puro. Las montañas eternas, el sol intemporal, el azul infinito. El mánager del complejo me comunica que el dueño quiere conocerme. Era un kurdo educado, su inglés es muy bueno. Vive habitualmente en Suecia. De allí ha tomado el modelo para su surrealista complejo en el epicentro de la asolada serranía kurda, a tan sólo 70 kilómetros de la frontera con Irán, una zona bastante conflictiva que no se prevé muy turística en los próximos años.
El tipo está sorprendido de verme aquí. Quiere saber la razón por la que he viajado a Irak. Es una cuestión fácil de responder.
-¿Usted ve las noticias en televisión?
-Sí, claro -contesta.
-Pues yo no -digo-. No me creo lo que dicen. Prefiero verlo por mí mismo.
MIQUEL SILVESTRE - La Nueva España - 2 de Enero de 2011
domingo, 21 de noviembre de 2010
Los albergues del Camino de Santiago ¿Cómo funcionan? ¿Cuánto cuestan? ¿Dónde están?
Una de las cosas que te planteas seguro antes de empezar el camino es el tema del alojamiento. Existen muchas opciones y cada uno debe encontrar la que mejor se adapte a su ritmo y sus circunstancias.
Una de las soluciones más populares son los albergues, los albergues oficiales del camino.
¿Cómo funcionan?
Los albergues públicos u oficiales tienen unas normas de utilización. Por ejemplo, las plazas se entregan no sólo en función de la hora de llegada sino que depende también del tipo de peregrino que seas. El orden de prioridad es este:
- Los peregrinos con limitaciones físicas.
- Los peregrinos a pie. Los peregrinos a caballo.
- Los peregrinos en bicicleta.
- Las personas que viajen con coches de apoyo.
Te recomiendo que leas las normas de utilización de los albergues ya que te serán muy útiles para organizar tu camino.
¿Cuánto cuestan?
Pasar la noche en un albergue tiene un coste de 5 euros.
¿Dónde están?
Los caminos en Galicia tienen una red de albergues bastante amplia. Para planear tu viaje te será útil saber donde están situados, qué comodidades tienen o el número de plazas que disponen.
martes, 16 de noviembre de 2010
LLEGADA A IRAK
Cuando estaba en Estambul tuvo lugar un atentado que el gobierno turco atribuyó a los kurdos, así que no sabía qué clima me iba a encontrar en la zona fronteriza. En Diyarbakir, ciudad turca de población kurda, conocí a un tipo que me aseguró que el paso de Silopi, único abierto entre Turquía e Irak, era seguro y que él conocía en Zakho, primera población Iraquí, a un cristiano llamado Jan que hablaba inglés y que me ayudaría. Cuando llegué a la frontera era ya casi de noche. Estaba cansado y el papeleo se demoró bastante por el asunto de la moto. Como no me enteraba de cual era el problema llamé a Jan y me dijo que vendría a por mí, que no me moviese de allí. Pero el problema se resolvió y como estaba realmente agotado, me fui por mi cuenta. Una vez en la ciudad, me abordó un chico. Era Jan, me había reconocido inmediatamente porque aquí soy un completo extraterrestre. Me dijo que nada de ir a un hotel, que me fuese a su casa. Montó en la moto y empezó a internarme por las más oscuras callejuelas.
Cuando uno viaja solo por países desconocidos se le aguza el sentido de la precaución, que puede acabar a veces en paranoia. En un momento dado, metidos en el laberinto de casuchas y callejones tenebrosos, pensé que a este chico no lo conocía de nada. Es más, había cometido un error cuando se pisa terreno incierto. Había avisado con 300 km de anticipación de que iba para allí y que no conocía a nadie. O sea, un presa fácil. Eso puede costar caro, véase si no la experiencia de Mauritania y los cooperantes. Es decir, me había puesto completamente en sus manos sin tener ninguna garantía de que fuera cierto lo que me decían. Irak es un país objetivamente peligroso, digan lo que digan los kurdos, que al final son parte interesada. ¿Cómo estar seguro de nada en un país donde todo es oscuridad y confusión? ¿Qué puntos de referencia tenía? ¿A quién conocía aquí? Las imágenes de decapitaciones acudieron pronto a mi alborotada cabeza.
Mi corazón empezó a latir más fuerte según nos metíamos en la noche. Sentí que no controlaba la situación, que no sabía a donde me llevaban. Torcimos una esquina y abandonamos toda luz. Detuvimos la moto frente a una cochera sin indicación alguna. Jan se bajó y llamó a la puerta con toques quedos. Supe que una vez que metiera allí la moto, sería como si se me hubiera tragado la tierra. El portón metálico se abrió lentamente. Mi pulso se aceleró todavía más. Del interior brotó una débil luz eléctrica. Y también una niña. Una niña de 8 o 9 años con enormes ojos verdes. Me miró con calma aunque debía estar tan sorprendida como yo. Entonces sonrió y me preguntó en un inglés algo tosco “How are you?”
“I am very happy to be here” respondí. Y era verdad, pues entonces supe que estaba en el lugar más seguro posible.
Miquel Silvestre ©












