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miércoles, 2 de febrero de 2011

El futuro de Egipto: ¿modernidad o integrismo?

Miquel Silvestre impartira un curso de aventurerismo idiota:


Primer Curso de Aventurerismo Idiota
Suscripciones:


http://www.amiando.com/MIQUELSILVESTRE.html


Túnez, Egipto y Yemen se rebelan contra sus añosos gobernantes y en Occidente se desata una extraña euforia. El anciano Mubarak puede caer igual que Ben Alí. Como idea abstracta, bien está que caigan los tiranos, pero qué sucederá luego en lo concreto es la gran pregunta. Por ahora, sin respuesta. También en Irak cayó un tirano. Ya hemos visto lo que sucede cuando se desestabiliza un país árabe sin tener bien trazado un plan para el día después. Una posible iraquización de la orilla sur del Mediterráneo debería preocupar bastante, pero parece que tiene más gancho ante la opinión pública occidental hablar de hambre de democracia del pueblo egipcio. Pero ¿de qué democracia hablamos? Egipto no es Túnez, donde los islamistas tienen un arraigo reducido. Los integristas Hermanos Musulmanes tienen una fuerza considerable. ¿Es que los miles de turistas occidentales que cada año visitan las pirámides no ven lo que sucede allí? La respuesta es no porque el régimen de Mubarak se ha esforzado en ocultarles la realidad y ellos han colaborado en el autoengaño encerrándose en sus caros hoteles y en sus autobuses con aire acondicionado y guía políglota. Pero lo que se ve desde el sillín de una moto cuando se cruza el país es algo muy diferente. Es algo bastante más inquietante que las falsificadas danzas del vientre que les ofrecen en los resorts.
La carretera de Alejandría hasta El Alamein esta sembrada de inmensas promociones inmobiliarias en construcción. El litoral que se asoma al Mediterráneo tiene un aire fantasmal, polvoriento y triste. Es una infinita urbanización sin terminar, una kilométrica Marbella sin vida. El dinero de los árabes del Golfo ha dejado de llegar y estos esqueletos de cemento y acero parece que tienen menos futuro que los pobres desgraciados que montan en burro entre las ruinas. ¿Qué solución les queda a estos desgraciados? El Islam de los Hermanos parece ser una respuesta. Al menos, les habla de una esperanza. Al dueño de una pequeña tienda de teléfonos móviles le gusta hablar con occidentales. Es su modo de viajar ya que, afirma, no tiene dinero para hacerlo físicamente y además, su pasaporte está maldito en Occidente por ser árabe. Me presenta a un joven barbudo vestido con túnica blanca. Añade que es un hombre peligroso, que pone bombas en el extranjero. Evidentemente, es una broma, pero no le veo maldita gracia. Así que soy español, comenta, pues según un documental que ha visto en Al Jazzira, en España matamos millones de musulmanes durante la Reconquista, mientras que en Al Andalus, ellos habían respetado a las demás religiones.

Para entrar en Egipto desde Jordania hay que coger un ferry que cruza el Mar Rojo y lleva a Nuweiba en la Península del Sinaí. De ahí a Taba, la espectacular costa se ha llenado de hoteles, restaurantes y verdísimos campos de golf para turistas. Solícitos empleados de uniforme caqui sonríen a mujeres blancas que exhiben la sombra del bikini bajo tenues vestidos playeros. Es un paraíso de felicidad y palmeras que llega justo hasta la linde de la carretera, donde el coche de la policía armada y una astrosa pick up cargada de tipos ceñudos y profusos de barbas recuerdan que estamos en Oriente Medio y que toda esta liofilizada realidad es superficial. Fuera de los resorts, los poblados son miserables y los niños tiran piedras al motorista. El Cairo, congestionada y envuelta en una permanente neblina toxica; la capital del Mundo Árabe se ha dejado de la mano de Dios. Parece que los barrenderos lleven de huelga veinte años. Las tiendas del más obsceno lujo se yerguen inmaculadas sobre la inmundicia. Al amanecer, cientos de menesterosos limpian carísimos coches deportivos. En El Cairo viven los más ricos, pero también millones de pobres. Hombres y mujeres, viejos o tullidos, que no tienen quien les asista y cuya miseria es odiosamente visible. Habitan en el patrio trasero de las pirámides y los autobuses de turistas nunca pasan por sus barrios. Es esta gente que no tiene nada que perder la que hoy arde en una inmolación sorda ante la falta de salidas.
Llego a Siwa, ya muy cerca de la frontera libia. El oasis del oráculo que visitara Alejandro Magno en mitad del desierto para preguntarle si sería amo del mundo. Los muros de adobe que soportaban la ciudadela se han derrumbado, inclinado, rajado y resquebrajado hasta lo inverosímil. Contra el azul empastado de este cielo protector, ofrecen la silueta de una dentadura mellada. Su enemigo fue la inusual lluvia que cayó durante tres días seguidos. Siwa es el Egipto profundo. No venden alcohol. No hay más templos que la mezquita. Las mujeres viven dentro de un buzo. Intuyen el mundo detrás de una tela negra. Lo curioso es que Siwa está lleno de occidentales. No son como los turistas de tour operador que van en gregaria masa hasta Luxor y Aswan para ver mil templos en dos días. Son los viajeros (y viajeras) auténticos, los turistas del ideal. Los que gustan de convivir con los habitantes locales para compartir su té y su comida. Se les ve cómodos, relajados sobre el barril de pólvora. Tampoco les zahiere la conciencia vacacionar donde los derechos humanos de las mujeres son sistemáticamente violados detrás de una prisión de tela. Es una metáfora. La política en el mundo árabe ha quedado reducida a una disyuntiva esencial cualquiera que sean los gobernantes en el poder. Modernidad o integrismo. No hay nada más. ¿Qué quedará tras estas revoluciones populares? ¿Se convertirá todo Egipto en Irak y El Cairo en Bagdad? ¿Qué pasará con ese diez por ciento de cristianos coptos que viven en el país? Las grandes palabras como democracia o libertad quizá suenan demasiado ampulosas en el desierto y mientras tanto, el viejo oráculo permanece obstinadamente mudo. Texto y fotos: Miquel Silvestre



http://www.viajesalpasado.com/category/blogs-vap/esquivando-piedras/

domingo, 9 de enero de 2011

AMIGO DARTH IV Y FINAL





Gracias, Darth, pero no te engañes, no es facilidad de palabra lo que esperan las mujeres. En cuanto a qué es lo que en realidad quieren, no lo tengo muy claro. Es mas, admito sin rubor que eso es para mí un arcano ignoto.

Vamos, que no tengo ni puta idea.

Si tuviera que fiarme por sus palabras, te podría decir que buscan hombres sensibles, inteligentes, con profundos ojos tristes. Pero si tengo que fiarme por lo que hacen, no daría mucha credibilidad a lo que dicen.

Ya sabes, amigo Darth, que las mujeres dicen lo que sienten, que no suele ser lo que piensan, y nosotros solo decimos lo que pensamos (mira que somos asquerosamente rectilíneos), y muchas veces no sabemos ni lo que sentimos, que para eso están ellas, para decírnoslo, y también para buscarle una alambicada explicación psicológica hasta al más mínimo de nuestros gestos


Verbigracia: se pueden quedar mirando como abres tu cuarta cerveza, y decirte que notan como estas dejando de quererlas. Y no seas tonto, no te quedes mirando la lata buscando en ella la respuesta a su deducción.

Milagro, Darth, llamo yo a ese sexto sentido femenino.

Por otro lado, amigo, mi fin de semana ha sido bastante tranquilo. Ya sabes que había partido de la selección. Pues bien, después de ir a ver escaparates, porque estamos al comienzo de la temporada, y hay que ir fichando trapos para las rebajas, después de participar silencioso y silenciado en una divertidísima reunión de cañas sin alcohol y pitillos light con las amigas de mi santa, donde se han dedicado a despellejar uno por uno a esos cerdos que cohabitan con ellas, sin merecerlas, después de escuchar una noche y otra que tiene jaqueca, o que, simplemente, no le apetece echar un polvo (esto es cojonudo. Prueba tú a decirle que no te apetece yacer con ella un día que se te ponga insinuante y vampiresa. Veras, y sufrirás, un cataclismo de dimensiones cósmicas), después de todo eso, amigo Darth, pude ver el primer tiempo.

La segunda parte me la tuvieron que contar los amigos. Mi parienta quería ver Salsa Rosa.

Alégrate Darth, con un poco de suerte un día dejamos de serles necesarios para la procreación.

Nos veremos entonces en el bar.

Yo soy el de la barriga y el botellín.


Miquel Silvestre - Palabras Malditas net

sábado, 8 de enero de 2011

CRISTIANOS EN TIERRA ADVERSA

Este es el artículo de Miquel, donde algunos avispados, se han quedado mirando el dedo cuando les señalaban la luna.


Miquel Silvestre
Abc domingo 2 de Enero de 2011

domingo, 2 de enero de 2011

El Kurdistán iraquí visto por un occidental escéptico



La zona mantiene un precario equilibrio ante los recelos de sus vecinos turcos, sirios e iraníes, que no ven con buenos ojos el nacimiento de una entidad política kurda.

Dicen que el Kurdistán iraquí está estabilizado, que las cosas han mejorado desde los últimos atentados en Erbil en los años 2004 y 2007. Pese a la propaganda, la región vive un precario equilibrio. Turcos, sirios e iraníes no ven con buenos ojos el nacimiento de una entidad política kurda. Y no digamos los terroristas suníes, deseosos de dinamitar toda normalización de Irak. En cualquier caso, lo que allí sucede merece ser visto desde el mejor mirador que conozco: la moto.

Mi llegada a Estambul coincide con un atentado que el Gobierno atribuye a los independentistas kurdos. El suroeste de Turquía está tomado por la Gendarmería. La ciudad kurda de Diyarbakir es famosa porque tiene la segunda muralla más larga del mundo, rodea completamente la ciudad vieja. En la zona alta que se asoma al Tigris habitan los más pobres. Charlo con varios kurdos que hablan abiertamente de política. Sus postulados son básicos pero inamovibles: Turquía es el enemigo, les niega sus derechos y la democracia.

El único paso fronterizo abierto está en Silopi. La cola de camiones es kilométrica. Mi aparición causa estupor en los miembros del servicio secreto. ¿Qué demonios hago allí? ¿Desde dónde ha venido? ¿De España? ¿Soy del Real Madrid o del Barcelona? Mi pasaporte es estampillado sin problemas, pero meter la moto resulta más complicado. El Kurdistán pretende ser un Estado moderno, pero repite los viejos esquemas burocráticos de la zona. Lentitud y procedimientos incomprensibles.

Lo más llamativo de la carretera es la atroz deformación del asfalto. El calor unido al paso incesante de los pesados convoyes militares ha dibujado un oleaje de alquitrán en el firme. Sin embargo, no queda rastro de los soldados norteamericanos. Los tipos que me salen al encuentro en los numerosos «checkpoints» son jóvenes kurdos vestidos con uniformes muy nuevos. Se muestran simpáticos y habladores. Sólo quieren charlar y hacerse fotos. Muchas fotos. «Mister, mister», dicen. Ésa era la palabra. Ser un «mister» es mi mejor salvoconducto.



Conduciendo hacia el Sur voy dejando atrás carteles de tráfico con sugestivas indicaciones. Bagdad, Basora, Kirkuk? sin embargo, debo estar muy pendiente de aquella que indique el desvío hacia Erbil. Los kurdos habían construido un ramal nuevo que evita el paso por la peligrosísima Mosul. El desvío está sólo a 20 kilómetros del nido de serpientes.

La ciudad vieja descuella sobre una colina en mitad de la urbe. Los muros son altos y magníficos, pero el interior está vacío. Es una fortaleza abandonada, semiderruida, aunque en proceso de restauración. El Gobierno ha desalojado a todos los habitantes para reconstruir el barrio y convertirlo en un museo que atraiga turistas. El proyecto de rehabilitación es desmesurado. Resulta increíble recorrer este pueblo fantasma.

El único cajero automático está en el Sheraton Building. Un búnker de lujo para occidentales cuya visita requiere pasar dos controles y un arco detector de metales. Algunos ejecutivos yanquis, diplomáticos y tal vez también espías. Pido agua en la cafetería y me informan de que la botella cuesta dos dólares y medio. Me conformo con beberla del grifo.


Hacia el Este la región es montañosa. Gargantas profundas, cimas peladas, carreteras estrechas, pistas de grava. Avanzo por un oscuro desfiladero mientras anochece. Llego a un puesto de control cuando la cerrada oscuridad hace peligroso avanzar. Los peshmergas me invitan a pasar a su garita a comer algo. El puesto es de piso de tierra y un agujero en una esquina hace de desagüe.

Les pido permiso para dormir con ellos y entonces me dicen que a pocos cientos de metros hay un hotel. ¿Un hotel en mitad de la nada montañosa? Es el surrealista Pank Resort. Una instalación de villas y cabinas al estilo europeo. En el restaurante encuentro dos austriacos borrachos. No son turistas, sino trabajadores especializados en construir teleféricos por todo el mundo.



Despierto en mi cabina. El horizonte luce nítido y puro. Las montañas eternas, el sol intemporal, el azul infinito. El mánager del complejo me comunica que el dueño quiere conocerme. Era un kurdo educado, su inglés es muy bueno. Vive habitualmente en Suecia. De allí ha tomado el modelo para su surrealista complejo en el epicentro de la asolada serranía kurda, a tan sólo 70 kilómetros de la frontera con Irán, una zona bastante conflictiva que no se prevé muy turística en los próximos años.

El tipo está sorprendido de verme aquí. Quiere saber la razón por la que he viajado a Irak. Es una cuestión fácil de responder.

-¿Usted ve las noticias en televisión?

-Sí, claro -contesta.

-Pues yo no -digo-. No me creo lo que dicen. Prefiero verlo por mí mismo.

MIQUEL SILVESTRE - La Nueva España - 2 de Enero de 2011

miércoles, 29 de diciembre de 2010

AMIGO DARTH III



Querido Darth, aquí estoy de nuevo. No te preocupes, que no te voy a dejar tirado, seguiré desgranado mis sabios consejos sobre cómo conseguir que las mujeres no te consideren como a un amigo hasta que consigas tus objetivos. Descuida, a mí me han ido cojonudamente.

Ahora que he acabado con la colada, que he sacado brillo a todos y cada uno de los muebles y electrodomésticos tan bien elegidos por mi sensible costilla, y cuyas letras seguirán pagando mis descendientes, ahora que he jugado las tres horas reglamentarias con mis vástagos, para conjurar el complejo de culpa de padre moderno, ocupado y egoísta. Ahora, amigo, puedo seguir adoctrinándote.

Tú sabes de mecánica y de coches, y ella no. Así de simple. Aunque ella sea ingeniero, no sabe. Así que tienes que conducir su coche, y ya sabes cómo. Sí, así, con brío, con energía. Eso es, mete la segunda a capón y písale.

¡Písale, coño!

Ahora sí que anda este cacharro. Apura la marcha, hasta que ese motorcillo afeminado pida clemencia. Cuando parezca que algo va estallar, entonces, y sólo entonces, mete tercera. Y ahora písale más.

Eso, qué piten, que el semáforo estaba en ámbar, que lo has visto.

Cuidado con la vieja. Frena con ganas, que chillen las gomas dejando tu rubrica negra en el asfalto.

Llegado este momento, seguramente ella hará algún comentario ligeramente recriminatorio. Tú ya sabes. Alguna de esas puntadas inocentes, pero que pican como un pellizco. Entonces tú paras, té bajas muy digno, y le dices que conduzca ella.

Es aquí, mi querido amigo, cuando empieza lo más difícil. Tienes que apostrofar, glosar y apostillar cada uno de sus movimientos y maniobras. "A la derecha", "mete tercera", "No, no pongas el intermitente, que eso son mariconadas", "para", "arranca", "Le vas a dar, le vas a dar", "le diste, ya te lo decía yo".

Es agotador, lo sé. Pero nadie dijo que esto fuera fácil. Tu tienes que seguir y hacer caso omiso de su mala cara primero, de sus quejas, después, y de sus gritos coléricos, por ultimo.

Al final te dirá que lo lleves tu. Y entonces ya sabes cómo, con energía, como un tío, a lo bruto.

A disfrutar conduciendo.



Bueno, Darth, te dejo, tengo que ir al hiper a comprar, otro día sigo. Mañana quizás no pueda, es domingo, me tendré que poner el chándal e ir a lavar el coche. El bueno, el de ella.

Un saludo.


Miquel Silvestre - Palabras Malditas.net

lunes, 27 de diciembre de 2010

AMIGO DARTH II



Esta es una muestra mínima de mis lecciones:



Vaya, Darth, y no me lo tomes a mal, ya entiendo lo que querías decir cuando hablabas de portarte como un caballero.

No lo puedes evitar.

Eso esta bien, muy bien.

Para ser como un hermano.

Te diré lo que hago yo, sé natural. Eufemismo que encubre una galaxia de eructos, regüeldos, salivazos, rascadas genitales violentas y meadas sonoras (ojo, sin levantar el arete de plástico, esto es fundamental. Fundamental).

Asimismo, tienes que mostrarte autosuficiente. Otro eufemismo, pero esta vez de egoísta. Olvida las horas de las citas. No, mejor aun, olvida las citas. Nunca pases a casa de sus padres, no la vayas a buscar, no la devuelvas, que se busque un taxi, como todo el mundo. Si no te quedan ms cojones que llevarla de vuelta, no se te ocurra esperar en el portal a que coja el ascensor. Estaría media hora saludando con la manita antes de meterse.

Ten tu propia vida y aficiones. Realízate. Nuevo eufemismo, que quiere decir que tú a la tuya, como antes de conocerla. De copas con los amigotes de siempre, las mismas amigas (no seas celosa, mujer, es solo una amiga), bueno, incluso seria mejor conservar solo las amigas 90-60-90, de las otras te puedes librar con la excusa de que tienes novia.

Eso sí, cuando llegues ebrio y sin un duro a las siete de la mañana, que te abra, y que te mime. O mejor, que te preste mil duros y así puedes seguir la jarana en algún after. Sabes que lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, amor.

Bueno, Darth, otro día seguiré, que mi mujer me reclama, tengo que limpiar el baño.

Suerte, muchachote.

Miquel Silvestre - Palabras Malditas. net

domingo, 26 de diciembre de 2010

AMIGO DARTH


Internet ha supuesto una revolución, estamos obligados a aceptarlo hasta los más reacios a la dictadura de la tecnología. Sí, es cierto, tienes razón en que un ordenador nunca podrá sustituir una auténtica puesta de sol sobre el Atlántico, el aromático roce de una copa de cristal alemán acunando un milagroso Torre Muga, el lomo peludo de tu perro, o los ojos profundos y mágicos de una mujer enamorada. De acuerdo, pero la red de redes, como dicen los snobs, nos ha acercado a los demás hasta tener por normal cualquier promiscua relación con desconocidos. Nos ha metido al prójimo en nuestro cuarto, sobre nuestra mesa de trabajo, asomándose a nuestro reino, travieso como un brillo eléctrico en la pantalla.
Metidos en nuestras celdillas del panal social, establecemos contactos de confianza y sinceridad con el resto del universo, y así nos hermanamos en una danza multitudinaria, y ello sin tener siquiera que ponernos nada encima que disimule la suciedad de nuestros calzoncillos o los agujeros de los calcetines.
Como ejemplo de lo que afirmo, he rescatado una comunicación epistolar en un foro de Internet que mantuve con un anónimo corresponsal llamado Darth. El pobre era buen chaval, pero no se sentía en absoluto capacitado para conquistar a una chica. No hacia más que marear la perdiz. Siendo encantador, atento y generoso solo había conseguido que ella le considerase lo peor para un enamorado: un buen amigo.
Me sentí conmovido por tamaña ingenuidad y desesperación, así que decidí salir de mi cómoda oscuridad y ayudar con mi sabiduría a aquel ser sufriente y anónimo.
(Continuará)
Miquel Silvestre - Publicado en Palabras Malditas. net

miércoles, 15 de diciembre de 2010

BESOS Y CONVERSACIONES

-Tenemos que hablar, me dijo, sin añadir nada más.
No hacía falta, siempre que teníamos que hablar era de lo mismo: de nosotros. O mejor dicho, de mi. Yo, en realidad, hacía tiempo que sabía la verdad: que cuando hay que hablar de nosotros, es que ya no hay nada que decir. Y sin embargo, callaba. O mejor dicho, hablaba. De nosotros. En realidad de mi.
- Tenemos que hablar, añadió.
Lo dijo sin mirarme, entonces comprendí. Hablaríamos de ella. De lo que sentía. O precisando, de lo que no sentía y debería sentir, y también de que no sentía eso que debería sentir precisamente porque yo se lo impedía.
Cuando yo era un buen chico y le hacía sentir las cosas que sí debía, nunca decía tenemos que hablar, simplemente, me besaba.
Ahora, mientras recuerdo al perro de Paulov y sus previsibles secreciones, pienso que era fácil distinguir lo que tocaba en cada momento.
Y es que, en realidad, no era tan difícil convivir con ella: todo se resumía en besos, y conversaciones sobre nosotros.
Tampoco estoy seguro de que las conversaciones prevalecieran sobre los besos. Aunque hoy, contaminado el recuerdo por los sentimientos, pudiera parecérmelo.
Pero seguramente, un observador imparcial, juzgándonos por nuestro reiterados comportamientos, podría afirmar que, sin duda, yo prefería los besos y ella las conversaciones.
Y sin embargo, lo que hablábamos casi siempre trataba de que ella prefería con mucho los besos, pero yo era la causa contumaz de que siempre tuviéramos que hablar de nosotros.

Miquel Silvestre - Dínamo Estrellada (Ediciones Barataria)

jueves, 2 de diciembre de 2010

jueves, 25 de noviembre de 2010

CAROLA MORENO -EDICIONES BARATARIA

A Sancho Panza le hubiera gustado gobernar esta ínsula, más real que la de Don Quijote, pero igual de literaria. Te invitamos a un viaje de ida a la Barataria de Puebla de Cazalla. Dudamos que vayas a querer un billete de vuelta.





Me odiaría cada mañana de Ring Lardner Junior llegó a mis manos casi por casualidad. Un testimonio en una extremadamente inteligente clave de humor sobre el macarthismo y la crueldad que la censura supuso para las mentes brillantes en la América negra de la década de los 50. ¿Cómo no se había editado antes? ¿Quién había tenido la brillantez de sacarla a la luz? Barataria era la responsable y yo su incondicional adepta.

Hay algo en esta editorial que te devuelve a la Isla del Tesoro de Stevenson, a las novelas de H.G. Wells que leíamos de noche mientras imaginábamos hombre invisibles, a Conrad, a London, a Hemingway. Quizá se deba a su carácter familiar, casi artesanal, a que mantenga la esencia de los grandes contadores, a que su origen sea deliciosamente literario: “mi tatarabuelo leía a sus hijos el Quijote antes de dormir. Mi abuela dice que él mismo era ‘quijotesco’. Se casó tres veces, hacía extrañas excursiones nocturnas a un castillo abandonado… Ahí se fue extendiendo el virus de la lectura, y también nuestra vocación aventurera”, relata Juan Diego Martín, socio de la editorial.

Barataria nació en Barcelona de la mano de Carola Moreno, pero pronto retornó a Puebla de Cazalla, “donde están nuestra raíces familiares” comenta Martín. La editorial había regresado a casa. Tenían muy claro su objetivo: “refrescar el panorama editorial con nuevos autores, nuevas propuestas. Hacer libros que nos gusta leer, libros que recomendaríamos a los amigos”.

Entre sus autores figuran nombres de Paquistán, Jordania, la India, Suráfrica, una colección de ensayos llamada Documentos, una línea de novela negra –Mar Negro- libros que son testimonio de la actualidad –Bárbaros- y títulos perseguidos y prohibidos en el pasado y en la actualidad –la colección Inferno- entre los que se encuentran Voltaire y hasta Leo Bassi con La revelación. “Tenemos obras del siglo XVII y XVIII que no se habían traducido al castellano. Lo que no pensábamos era que dentro de la colección tendríamos que incluir un libro escrito en el 2007. No podemos vivir al hecho de que haya muchos libros que fueron censurados, quemados, o simplemente destruidos. Si hay alguna posibilidad de sacarlos a la luz estamos dispuestos a hacerlo”.

¿La joya de la corona? “Las mil y una historias de Pericón de Cádiz, un relato delirante entre la picaresca y el surrealismo ‘gaditánico’ escrito por Ortíz Nuevo sobre las andanzas del sin par cantaor (y contador) Pericón de Cádiz”. Reconocen una buena obra en cuanto la ven, una especie de intuición tácita que comparten y que siempre parte de la emoción que les produce la obra. Y a veces ni siquiera importa que sea otra editorial la que la publique. En cuanto a la publicación de El maestro Juan Martínez que estuvo allí, Carola Moreno declaró: “es un lujo que hubiera querido servir yo misma en bandeja Barataria pero que finalmente, me consuelo, lo importante es que esté, que esté disponible, que esté editada y cuidada, que esté en las librerías para alegría de todos los buenos lectores. Enhorabuena a Libros del Asteroide”. No queda mucho más que decir.

Su última incursión ha sido la creación de Contexto, “una asociación de editoriales que pretende tejer una red que establezca una relación más directa y fluida entre editores, lectores, libreros, bibliotecas y medios de comunicación”. Contexto se concreta en una revista literaria de distribución gratuita que ya ha dado sus frutos. En noviembre de 2008 Barataria ha sido galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, lo que “nos ha dado un plus de confianza y una señal de que lo que estamos haciendo es importante. Nos hace pensar que estamos en el buen camino” declara la fundadora.

Los colosos editoriales pueden pensar que Barataria es sólo un molino de viento, pero deberían mostrarse crédulos en cuanto a las ensoñaciones de Don Quijote. Esta vez, el gigante es real, y se llama Barataria. Que se preparen para la batalla.
Tertulia Andaluza S.L. 2009 © 







Próximamente: Un millón de piedras

Ya tenemos criatura








Copio y pego lo que me ha enviado la editorial porque da una idea certera de lo que el libro supondrá:


Sólo hay dos tipos de tipos: los que buscan una vida ancha y los que aspiran a una vida larga. Los primeros se la juegan y los segundos se acartonan. Pueden ser triunfadores, pero nunca héroes como los primeros (a quienes con injusto desdén también se llama románticos). Esta odisea está llena de aventuras y riesgos, de hoteluchos de mala muerte, de baches, polvo y arena, y de gente que sobrevive en villorrios pasmados en la galbana. Hay paisaje, paisanaje… y pasión. Pero no compasión, que es el cómodo refugio del fuerte para anestesiar la conciencia ante el dolor de los débiles. Es verdad que no hay muchos amaneceres en el Serengueti, ni curtidos machos alfa despachando leones y elefantes entre las minas del rey Salomón, ni el silbido de la mamba negra. A cambio, en cada página hay un par de historias que ponen la piel de gallina y escupen sobre los tópicos. Hay mucho cinismo y ninguna impostura. Es un libro duro como la soledad, la desesperanza y la verdad.
La mirada de Miquel Silvestre tiene poco almíbar y mucho humor. Hay en este libro muchos sobornos, y cerveza y arroz con pollo en sitios asquerosos, pero tras esa dureza se transparenta siempre un tipo sensible, desencantado y justo, un buen tipo que no se considera ni mejor ni peor que los demás. Es el libro sobre África que hubiera escrito Humphrey Bogart.

martes, 16 de noviembre de 2010

LLEGADA A IRAK




Cuando estaba en Estambul tuvo lugar un atentado que el gobierno turco atribuyó a los kurdos, así que no sabía qué clima me iba a encontrar en la zona fronteriza. En Diyarbakir, ciudad turca de población kurda, conocí a un tipo que me aseguró que el paso de Silopi, único abierto entre Turquía e Irak, era seguro y que él conocía en Zakho, primera población Iraquí, a un cristiano llamado Jan que hablaba inglés y que me ayudaría. Cuando llegué a la frontera era ya casi de noche. Estaba cansado y el papeleo se demoró bastante por el asunto de la moto. Como no me enteraba de cual era el problema llamé a Jan y me dijo que vendría a por mí, que no me moviese de allí. Pero el problema se resolvió y como estaba realmente agotado, me fui por mi cuenta. Una vez en la ciudad, me abordó un chico. Era Jan, me había reconocido inmediatamente porque aquí soy un completo extraterrestre. Me dijo que nada de ir a un hotel, que me fuese a su casa. Montó en la moto y empezó a internarme por las más oscuras callejuelas.

Cuando uno viaja solo por países desconocidos se le aguza el sentido de la precaución, que puede acabar a veces en paranoia. En un momento dado, metidos en el laberinto de casuchas y callejones tenebrosos, pensé que a este chico no lo conocía de nada. Es más, había cometido un error cuando se pisa terreno incierto. Había avisado con 300 km de anticipación de que iba para allí y que no conocía a nadie. O sea, un presa fácil. Eso puede costar caro, véase si no la experiencia de Mauritania y los cooperantes. Es decir, me había puesto completamente en sus manos sin tener ninguna garantía de que fuera cierto lo que me decían. Irak es un país objetivamente peligroso, digan lo que digan los kurdos, que al final son parte interesada. ¿Cómo estar seguro de nada en un país donde todo es oscuridad y confusión? ¿Qué puntos de referencia tenía? ¿A quién conocía aquí? Las imágenes de decapitaciones acudieron pronto a mi alborotada cabeza.

Mi corazón empezó a latir más fuerte según nos metíamos en la noche. Sentí que no controlaba la situación, que no sabía a donde me llevaban. Torcimos una esquina y abandonamos toda luz. Detuvimos la moto frente a una cochera sin indicación alguna. Jan se bajó y llamó a la puerta con toques quedos. Supe que una vez que metiera allí la moto, sería como si se me hubiera tragado la tierra. El portón metálico se abrió lentamente. Mi pulso se aceleró todavía más. Del interior brotó una débil luz eléctrica. Y también una niña. Una niña de 8 o 9 años con enormes ojos verdes. Me miró con calma aunque debía estar tan sorprendida como yo. Entonces sonrió y me preguntó en un inglés algo tosco “How are you?”

“I am very happy to be here” respondí. Y era verdad, pues entonces supe que estaba en el lugar más seguro posible.

Miquel Silvestre ©

domingo, 14 de noviembre de 2010


FUERA DE RUTA

El desierto perfecto
El Sáhara Occidental y Mauritania muestran al viajero un sinfín de dunas asombrosas. Viaje en moto casi sin parar

MIQUEL SILVESTRE - 13/11/2010

El Sáhara, el desierto más grande del planeta; también el más literario y cinematográfico. Al menos desde que Paul Bowles lo situara en el mapa, justo debajo de un cielo purísimo que de protector solo tenía el nombre. Salvo por los motores de explosión y las armas de fuego, poco han cambiado allí las cosas desde hace mil años. Tierra de bandidos, contrabandistas y poesía, el poder de los Estados que reclaman su soberanía apenas alcanza a las delgadas líneas de asfalto abiertas en el páramo de arena. Si no fuera porque el Árbol del Teneré fue arrollado por un camión, el horizonte dorado aún seguiría idéntico a sí mismo.

Sidi Ifni
Sidi Ifni, puerta del Sáhara español. Calles dedicadas a Oviedo, al general Mola y al suboficial Zabala. Los viejos edificios oficiales aparecen vacíos, descuidados. Todavía pertenecen al Estado español por virtud del tratado de cesión del año 1969. El pueblo está medio deshecho, desleído por el mar, el sol, el viento y la apatía. Agridulce encanto de la decadencia. Nadie ha sabido ver aún el potencial histórico turístico para construir un parque temático del colonialismo.

España libró aquí su última guerra en 1957. Se ganó y se perdió. Abandonó la provincia por los Acuerdos de Angra de Cintra, pero mantuvo la ciudad hasta la cesión definitiva. Fue una guerra vergonzante. El colonialismo ya tenía mala prensa. Estados Unidos vetó el uso de su material militar y aeronáutico. Todavía hoy es un conflicto que nunca existió. Para los más de trescientos muertos españoles no hay recuperación de la memoria. Hoy las únicas tropas que aquí desembarcan son jóvenes surferos y jubilados franceses. Unos buscan olas, los otros precios baratos.

En el hotel La Suerte Loca, Mohamed asegura ser español. Nació durante la presencia colonial. Se duele de que no se les haya aplicado el Tratado de Cesión que distingue entre los que ya eran españoles, "quienes conservarán la nacionalidad en todo caso", de los que simplemente se habían beneficiado de ella sin adquirirla; a estos se les concedían tres meses para optar, pero en condiciones tan leoninas que nadie pudo hacerlo. "Al final, nos negaron la nacionalidad a todos". La democracia española, dice, quiso librarse del incómodo legado de Franco.

Sáhara policial
Hacia el sur el horizonte se expande infinito. El mar asoma a la derecha. La sombra de la motocicleta acompaña mi soledad. Cabras escuálidas, perros famélicos y camellos miedosos. Poco a poco van desapareciendo los poblados, los seres humanos y las comodidades. Pero no la policía. El ritual se repite cada pocos kilómetros. Al final del plano horizonte se divisan un par de sombras difuminadas por la reverberación solar. Son gendarmes. Detienen a todos los viajeros. ¿Nacionalidad, destino, profesión?

Cinco kilómetros después de Tarfaya descubro la señal del cámping Roi Bedouin, pobre instalación con jaima y chamizo de adobe. Un regato moribundo proporciona agua alcalina, terriblemente salada; no es potable pero sirve para una ducha de urgencia. Los dueños son belgas, llevan 10 años aquí y están cansados. Han puesto a la venta el humilde complejo.

El Aaiún, ciudad militarizada sobre dunas y azotada por el viento. Aburridos cascos azules velan por el alto el fuego. Un saharaui me aborda al ver la matrícula de la moto. Dice que aún luchan por la independencia. Añade que los vigilan constantemente. Cualquiera puede ser policía o confidente, incluso él.

Entre Marruecos y Mauritania hay cinco kilómetros de tierra de nadie. Arena, señales de "Peligro, minas" y carrocerías calcinadas de coches robados. El que vende los seguros dice que Moratinos es un buen ministro (cuando hago este viaje, todavía es titular de Exteriores). Llevo recorridos más de cuarenta países y es la primera vez que alguien conoce a un miembro de mi gobierno. No es tranquilizador; hasta el último mono está al tanto de las negociaciones con Al Qaeda. Cualquiera que me mire, verá cinco millones de dólares.

Tiempo parado
El Sáhara mauritano es el que ha retratado el cine hasta mitificarlo en icono. Bellísimo océano de dunas doradas, es también el tétrico desierto de los secuestros y el calor insoportable. Desde la frontera hasta la capital hay 620 kilómetros y una sola estación de servicio. Cuando llego, me dicen que se ha acabado la gasolina. Son las cinco de la tarde, pronto anochecerá.

No es buen sitio para quedarse tirado. Decidí cruzar Mauritania porque un motorista solitario apenas llama la atención si viaja rápido. El problema surge si te quedas mucho tiempo parado. Oigo el ronco rugido de motor diésel. Un tráiler desvencijado con los colores rojos de Coca-Cola aparece del norte. Les pido ayuda y ellos a mí sesenta euros. Y dos besos si hicieran falta. Entre todos subimos la BMW y salimos rumbo a Nuakchot.

El Albergue Sáhara es un agradable lugar para mochileros, pero el terror perjudica el negocio. Vienen ya pocos occidentales de turismo. El dormitorio colectivo está vacío. El vigilante prepara té con maestría. Trasvasa el líquido de la tetera a los vasos, y de los vasos a la tetera. Pasará así toda la noche. El resultado es un jarabe áspero y empalagoso que arrojo a los geranios cuando no mira.

Despierto en una ciudad sobre arena de playa. El suelo está lleno de conchas. Hubo un mar antes que una república islámica. La sede de la Unión Europea tiene aspecto de fortín militar. La población naufraga entre las cabras, animal de compañía y básica fuente alimenticia. Nadie saluda al extranjero. Es una sociedad polvorienta, hostil y triste. En el albergue hay tres rusos con resaca. Viven aquí. Dios sabe haciendo qué.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

RIESGO Y DEPORTE EN LA ISLA DE MAN