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domingo, 13 de febrero de 2011

EL PINCEL


A veces sin proponerlo surge la palabra precisa
 para dibujar un lienzo, donde la imagen se transforma
 en algo bello.


 Otras veces, los demonios acuden a mi encuentro,
 se introducen tan dentro, que solo puedo acurrucarme
 para no sentir miedo.


 El pincel descansa sobre el lino viejo, toma vida
 de la nada, comienza su trabajo sin descanso,
 traza líneas al viento.


 Trazos precisos que transforman lo vacío en algo
 lleno, impulsos del corazón que intentan llegar
 al alma del incauto viajero.


 El lino se transforma en una imagen para el recuerdo,
 un instante para la eternidad, guardado al fondo
 en el arcón del tiempo.


 Marisa

jueves, 10 de febrero de 2011

EL LIENZO



En el silencio de la noche, yo me desperezo;
al volverme, me incorporo y te observo.
Quiero velar tu sueño, quiero pintar un lienzo
en mi memoria.


Sin poderlo resistir, mi dedo índice cobra vida,
y comienza el recorrido por tu rostro...
Se detiene pausadamente en los surcos
marcados del tiempo, esas líneas acusadas
por mil preguntas sin respuesta.


Me recreo en las curvas de tus ojos, cuento
cada pelo de tus pestañas; te recuerdo
sonriendo con ellos.

Suspiras... me detengo, me llevo el pincel
a mis labios y lo beso.
Reparo en tu boca entreabierta y sonrío
al recordar que hace sólo una hora recorría
mi cuerpo.


Desvio la mirada turbada, pensando que
estoy cometiendo un sacrilegio, no quiero
ser dueña de tus secretos.

Como si leyeras mi mente, te das la vuelta
y me abrazas... y en un leve susurro,
como si no quisieras romper el ensueño,
me dices: ssssssssss, TE QUIERO!.

-MARISA-

domingo, 23 de enero de 2011

Perros flacos



No hace mucho, mi amigo Argüelles me comprometió a recordar lo que se citaba sobre los perros flacos en el Martín Fierro. Aunque sí tenía en la mente aquello de “nunca llegues a parar donde veas perros flacos”, el vicio de la vanidad me llevó a repasar el texto (tengo un ejemplar guarnecido en vitola de vacuno nonato, un regalo) para poder copiar los dos sextetos que acompañaban a la frase, tirándome de paso el moco de parecer que poseo una ordenada biblioteca en la cabeza. Aunque tal cosa no existe, siempre quedan pedacitos de papel doblados en siete mitades entre los pliegues del cerebelo. Y uno de ellos, apropiado para este caso, es un trozo de las Coplas del Payador Perseguido, de Atahualpa Yupanqui, aunque yo siempre se la oí al malogrado y admirado Jorge Cafrune: “La vanidá es yuyo malo que envenena toda huerta. Es preciso estar alerta manejando el azadón, pero no falta el varón que la riegue hasta en su puerta.” Pese a que había cumplido con el encargo, desde entonces tuve el presentimiento de haber visto, leído u oído algo más sobre los canes a régimen. Puede que mi agilidad mental y la rapidez de reflejos vaya quedando cada vez más mermada por el puto Alzheimer de los cojones y que la ubicación de las escasas o únicas neuronas con las que nos adornamos los varones no suela estar precisamente en la cabeza, pero eso sí, cabezones somos un rato, al menos yo. Esta mañana, a eso de las seis, se me abrió el entendimiento y me quité un peso de encima. Al fin lo encontré, ya decía que lo había leído antes. Así que copio y pego:

 Mi caballo, el Desbocao, es mi amigo, medio de transporte, y a la vez, mascota. Y cuando lo digo, no puedo dejar de sentir pena por quien fué, en alguna oportunidá, mi mascota más preciada: mi perro, el Mamerto.
Pero, como en toda relación de amistá, a veces surgen diferencias.
Con el Desbocao, esas diferencias aparecen, cuando:
1) Yo quiero ir pa ´un lao, y él, pa ´otro.
2) Cuando cantamos a dúo. Al margen de la desafinación, el muy equino se niega a hacerme los coros, adotando un protagonismo que me enllena de rabia.
Y hablando de rabia, otra vez me acuerdo del Mamerto, que lo parió!
Ma sí... Si la melancolia me va ganando la pulseada, me dejo llevar por la derrota, aflojo los mocos, y les recito la puesía que le dediqué. No sin antes aclararle al disgraciao, que si un día quiere volver, la tranquera va a estar abierta para él. Venga solo, o acompañao...

El Mamerto

Si no saben entuavía
yo tenía un perro flaco.
Un buen día, el muy macaco
se pirdió tras una hembra.
Después ´e una noche de siembra
volvió entuavía más flaco.

Lo senté bajo la luna
y le hablé de hombre a perro.
Le dije:-
Le diste fierro?
Ahura te quiero ver.
Quién les va a dar de comer
a los cachorros, Mamerto?

Me miró como diciendo:
-Quién me quita lo bailao?
Y se quedó ahí, sentao,
como pidiendo perdón.
Le dí flor de patadón
y lo rajé de mi lao.

Ahura estoy arrepentido.
-Tanto tienes, tanto vales,
decía el gaucho Rosales.
Y nunca nada más cierto.
Cómo lo extraño al Mamerto!
Que vivan los animales!



Esto está sacado de un blog argentino, La Pluma del Nemesio, un tipo sensible y sencillo de entender pese a que no se sepa lunfardo. Lo repasaré de cuando en cuando para cultivarme, por aquello de que "la arena es un puñalito, pero hay montañas de arena", aunque cada vez escribe menos y más distanciado. Lástima, ahora que ya lo había colocado entre los favoritos para no volver a perderlo. Imagino que a Nemesio le habrá ocurrido lo que tarde o temprano nos ocurrirá un día a todos, se habrá cansado.

viernes, 7 de enero de 2011






Mi madre decía: a mi me gustan las personas rectas


A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos

la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños, curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva;
el día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
dentro de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas;
vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

JESUS LIZCANO


martes, 30 de noviembre de 2010

LA GENTE QUE ME GUSTA



Primero que todo

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.


Mario Benedetti


Para ti, Dnd, y para todos vosotros.