para dibujar un lienzo, donde la imagen se transforma
en algo bello.
Otras veces, los demonios acuden a mi encuentro,
se introducen tan dentro, que solo puedo acurrucarme
para no sentir miedo.
El pincel descansa sobre el lino viejo, toma vida
de la nada, comienza su trabajo sin descanso,
traza líneas al viento.
Trazos precisos que transforman lo vacío en algo
lleno, impulsos del corazón que intentan llegar
al alma del incauto viajero.
El lino se transforma en una imagen para el recuerdo,
un instante para la eternidad, guardado al fondo
en el arcón del tiempo.
Marisa






